Se ha investigado mucho
sobre la auto-estima. Los psicopedagogos están artos. Están artos de intentar
trasformar un adolescente en una persona bella por dentro y bella por fuera. Yo
tras ciertas reflexiones y meditaciones...¡Me rindo! ¡Lo tengo claro! La Razón
contemporánea padece un gravísimo problema de identidad. La cuestión es que
"algo va mal" eso es obvio. Vivimos en un mundo muy compulsivo he
inseguro. Tanto una inseguridad física, psíquica y ética. Eso se ha actualizado
en todos los Estados de Derecho sociales de Europa. Ahora bien en una sociedad
libre existe una solución; en realidad es un atajo mas a la que nos lleva
nuestra mente: ser un crítico. Podríamos decir que el crítico, un gran crítico
es el sueño de la Razón. Todas las compulsiones que experimentamos hacen que
despierte una bestia Racional. Esto para mí es tener un cierto nivel de
auto-conciencia. En principio no hay ningún problema. Es el ejercicio de la
libertad. La máquina, el cerebro, produce un mostruo emocional producto del
desasosiego reinante. Pero si lo analizamos bien trae mas perjuicios que
beneficios. Una persona con auto-conocimiento "conduce" su vida a
largo plazo. Esto es, en el ejercicio de la crítica "conduce" su vida como dueño de uno
mismo, su capacidad de raciocinio o su vida emocional a la inversa: Yo soy
dueño de mi razón y también dueño de mis emociones. Se ve dentro del ejercicio
de la crítica los inmensos "atajos" que cogemos o la diferencia que
hay entre un sabio y lo cotidiano a lo que nos ha llevado la sociedad de
consumo. Claro está y se ve con claridad que la paz en uno mismo no empieza por
las decisiones de los altos funcionarios. Sino por uno mismo. Aquí dejo un discurso
sobre el problema de la identidad de la razón.
Sin duda que "algo
va mal" y ya he explicado lo compulsivo que es el mundo de hoy en día. El
siglo XX para mí fue peor. Pero para los historiadores de élite el siglo XXI es
el siglo de la esperanza. Ya veremos lo que pasa...de momento y por lo pronto el ciudadano ya está
aprendiendo a ser menos egoísta, de hecho es el porvenir que nos espera para
las nuevas generaciones. El conflicto de los mercados es un claro ejemplo: Que
los inversores por tener un "don" se embolsen sus bolsillos de dinero
sin apenas esfuerzo. Viviremos en un mundo más competitivo. Donde todo costará
más esfuerzo y donde aprenderemos además de lo que vale el dinero- cosa que ya
aprendimos- lo que cuesta ganarse las cosas -personas, familiares, etc..-.
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