¿Donde está la democracia? Es la pregunta que cualquier ciudadano se está haciendo. Este es un problema tangible y real que acompaña a toda nuestra generación, en especial a los mas tolerantes que comprenden que las cosas cambian, es mas, el Universo cambia, se transforma. Esta palabra “transformación” es el dolor que acompaña a toda la materia viva orgánica o inorgánica de la que también está compuesto el ser humano. Esto es, Spinoza creía que toda la matería estaba iluminada por un Dios Todopoderosamente-sabio. Spinoza fue apartado de la comunidad Judía.
“Transformación” es palabra hermana de deformación. Esto es, excepto en la facultad de la Catexis* el dolor que acompaña a toda la materia Universal se transforma y deforma. Esto es, que habitualmente captamos o vemos a los objetos deformados. Y el lector se preguntará...¿ A que vienen esta clase de razonamientos con la democracia? Pues bien estos razonamientos que he expuesto vienen en consecuencia de la maldad que existe en el mundo. Al revés que en la películas...”el mal” puede más que el bien. Y se que no me puedo callar cuando en los informativos veo quemarse bosques, provocados o por los recortes en los Voluntariados forestales. Sin duda que la filosofía como escuela e institución de pensamiento democrático es una perla de oro, también aclarar que Spinoza no se equivocó en todo. En el apartado de su Ética, el mas humano, el apartado de las afecciones está bien, ni perfecto ni mal, bien.
Así pues yo sigo teniendo muy claro que mundo es representación, que halla “mal o bien” todos queremos democracia y, que la democracia es para todos, tanto políticos -Gobernadores- como para lo que yo llamo submundo, pues yo confío en los valores democráticos y que la Justicia sea independiente de todo, la ley y el derecho es igual para un presunto asesino que para el Rey.
Centrándonos nuevamente en que el mundo es representación en consecuencia voy a exponer una tesis sobre Freud, sobre el proceso de civilización que parece mas difícil de los que creemos, tanto al individuo como a la sociedad, vamos a verlo:
La sociedad no puede permitir una libertad de acción total para cada individuo, pues la libertad absoluta de uno puede significar la esclavitud de los otros. Para la supervivencia de la sociedad se precisan algunas limitaciones de la libertad individual y la inhibición de los deseos instintivos. Las normas sociales nacen de la necesidad. “Para un salvaje, -escribió Freud- resulta muy fácil ser saludable-” para un hombre civilizado la tarea es más ardua. El deseo de un Yo todopoderoso y sin inhibiciones puede parecernos razonable, pero como demuestran los tiempos en que vivimos en el sentido más profundo es antagonista de la civilización y, dado que las demandas de la civilización están representadas por la educación familiar, debemos pensar en dejar un lugar dentro de la etiología de las neurosis de este carácter biológico de la especie humana, el prolongado periodo de su dependencia infantil. En este punto, Freud concluía: No podemos sustraernos al hecho de que las neurosis podrían se evitadas si se permaneciera que la vida sexual del niño discurriera en libertad”, como sucede en muchas razas primitivas. Mas por otro lado esta presión precoz debe realizar la preparación para el crecimiento cultural, porque las demandas instintivas, al ser obligadas a enunciar a la satisfacción directa, se ven impulsadas a tomar nuevas direcciones que conduzcan a una satisfacción sustitutiva..., pudiendo quedar desexualizadas. Puede concluirse que una gran parte de nuestra mas valiosa herencia cultural ha sido adquirida a costa de la sexualidad y mediante la restricción de las fuerzas motivadoras sexuales.
La restricción de los instintos destructivos todavía es mas importante que la restricción del sexo. Nunca podría haber sobrevivido sociedad alguna sin imponer una prohibición concreta al uso de la fuerza. Los conflictos y la luchas internas podría destruir la organización social y se han instaurado tabúes en el uso de la fuerza dentro de lo límites de la familia y de la sociedad. La agresividad conjurada se interioriza en el súper-yo, donde puede volverse contra la propia persona en actos auto-destructividad. Freud lo explica así: “Cuando el súper-yo comienza a constituirse se fija en el yo grandes cantidades de instinto agresivo y opera allí de una manera auto-destructiva. Este es uno de los peligros para la salud en que se sujeta la humanidad en el curso de desarrollo cultural.
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