25.3.11

EL TEMPLO DE LOS INMORTALES. RELATO

Víctor se dirigía una vez mas a sus clases de filosofía en su instituto. Cuando se dirigia a la clase, el estómago de Víctor empezó a causarle grandes dolores, paró un momento y parecía como si se ahogara. Paró un momento, y espontaneamente esos dolores estomacales desaparecieron.

Víctor por fin, se personificó en el aula de filosofía de su instituto.
De repente llegó el multifuncionario -el profesor- dispuesto a dar su clase. Era la última clase antes de un examen importantísimo.

LA CLASE

Eran unos 20 alumnos los integrantes del aula de filosofía. Pero el profesor llamado Fernando tenía una gratificante sorpresa para todos una alumna nueva se iba a incorporar a la clase.

- Fernando: Hola a todos hoy os he preparado una visita. Os traigo a esta persona mayor, no os asusteis es inofensiva aunque tiene 68 años.

- Un alumno pregunta: Profesor...¿ Por qué nos ha traído esa anciana a nuestra clase?

- Fernado: Como ya sabéis que esta clase va de la filosofía de Descartes y que sabéis que es una clase muy importante, en el fondo, os traigo a Augusta para que aprendáis más.

- Víctor: Profesor...me parece muy bien que halláis traido esa mujer, me parece interesante. Víctor estaba desviando la atención.

De repente un alumno se dirigió de esta forma al profesor y a la anciana.

- Alunmo: ¡Pero... que va a saber esa anciana de filosofía!

El estómago de Víctor de repente empezó a segregar mucho placer en el mismo, lo cual significaba que el estómago de Víctor procesaba una cantidad de información difícil de imaginar.

- Víctor: Pero esa anciana con su experiencia nos podrá enseñar algo, pues el saber como dice el refranero Español no ocupa lugar. Víctor volvió a desviar la atención.


De repente como si la voz de Víctor pareciese el de un juez, la clase se alborotó

- Otro alumno: Pues a mi esa anciana no me va a enseñar nada.

- Profesor: ¡Oye a la última fila de la clase!

El alumno casi llorando he irritado se dirigió a la última fila de la clase.

De repente el profesor se pudo hacer con el alumnado.

- Profesor: Bueno hoy como ya sabéis vamos a hablar de Descartes y su influencia en la cultura Europea.

De repente a Víctor le surgió una inquietud.

- Víctor: Señora anciana...¿Hérais más felices después de la post-guerra o ahora?

- Hooo...! El pueblo quería ser engañado y así se hacía. Una mentira repetida tres veces se convertía en una verdad.

Esa frase impregnó de inquietudes a todo el alumnado.

- Alumno: Pero... señora anciana...¿ No crees que habían más valores, respecto al sueño infundo del amor?

- Anciana: Hay...hijo mio. Como héramos ignorantes, Dios se apoderó de nosotros, si hijo mio, de las almas sencillas, sí, parecía la felicidad de la ignorancia.

- Fernando: Habéis oído a Augusta - el nombre de la anciana- . Os dais cuenta a lo que lleva la ignorancia.

- Otro alumno: Si profesor, pero...ahora también nos autodestruimos, como por ejemplo la guerra de telecomunicaciones.

- Fernando -profesor-: Yo te responderé a esa pregunta. Aunque tu te creas que estás aquí y ahora, en el fondo es una mera ilusión de tu cerebro. La parte izquierda del cerebro es muy sabía. Y ahí se produce la mala atribución objetiva de la educación en al infancia.

Víctor empezó a observar todo el recinto del aula, y, aunque su personalidad era de chico prepotente, se atrevió a atenuar al Profesor.

- Víctor: Entonces profesor...que hay detrás del litio.

- Fernado: Buena y oportuna pregunta Víctor. El pensamiento de Descartes influyó en la era industrial. El -Descartes- no paraba de hacerse preguntas respecto a estar poseído materialmente de Dios. Lo llevaba en el tuétano del alma. Sabía que detrás del litio no hay nada, a través de los prototipos ideales, infundidos, por el más allá y más adentro escribía por puro placer, ilustró su teoría de la glándula pituetaría, y, no inventó nada, simplemente adoctrinó a los hombres para la disciplina de la industria.

- Víctor: Gracias profesor.

- Fernado: No te preocupes es mi trabajo. Por cierto, es la hora de descansar, tenéis media hora para comer y fumaros un cigarrillo.

Víctor empezó a sentir un placer muy especial en el estómago, de repente - y me refiero a sensaciones- los demás alumnos sintieron una ansiedad extraña, que repito, no necesariamente da lugar al fumeteo.

Habián transcurrido ya 30 minutos del descanso, los alumnos se incorporaron a las aulas.

El profesor, con una sonrisa interna observó curiosamente que los alumnos, habían perdido la noción del tiempo. Además -y esto es lo más curioso- sistemáticamente tanto los chicos como las chicas estabán agrupados conjuntamente, sin ningún tipo de astio.

- Un alumno: Profesor, si estamos en una crisis industrial...¿Los hombres que ilustrarán ahora?

- Profesor: No os habéis percatado que gracias a las oportunas preguntas de vuestro compañero Víctor, yo, os he estimulado la glándula pineal. Desde aquí arriba os veo desde una percepción diferente, parece esto el templo de los inmortales.

- Víctor : Y... ¿Por qué nos dice esto profesor?

- Profesor: Ahora mismo sois caracterizaciones jurídicas, por que en mi clases vosotros os vais a hacer hombres, y vosotras, primero, os tengo que decir; los hombres nos enamoramos una vez, el precio que ponéis lo poneís vosotras con vuestras armas de mujer, segundo, cuando un hombre de desenamora se convierte en un perfecto polinógamo. Y tercero, si hay Dios, en lo abstracto, ha sido en España.

- Porfesor: No pienso perder el tiempo con vosotros, que esta anciana os podrá adoctrinar que el tiempo no se pierde.

- Anciana: Me permitiréis que os diga que hay que decirle siempre que sí a la vida.

El profesor se percató - con lupa- del destino de Víctor.

- Profesor: Víctor ven aquí.

Víctor se levantó del pupitre y se dirigió a primera fila.

- Profesor: Víctor, vamos a entablar un diálogo, vamos a ver, yo te voy a hablar, y tu me tienes que responder, el resto de la clase escuchará eco.

Que hay detrás del litio

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